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miércoles, 10 de mayo de 2006
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Una Torre de Babel

Miércoles, 10 de mayo de 2006

Noel Colón Martínez

Abogado

Es muy arriesgado intentar un análisis de la situación del país cuando la distancia (me parece más gráfico decir distancia que el tiempo) entre el momento en que usted escribe y el momento de su publicación supera los dos días. Puerto Rico está en un impredecible predicamento en que cualquier cosa pueda ocurrir, en cualquier instante.

Parece que de momento, peor que habernos quedado sordos, lo que hablamos resulta ininteligible para los otros. Puerto Rico parece una Torre de Babel luego del castigo de Jehová. Nos hemos condenado a perdernos en el laberinto de nuestras pasiones, instintos, intereses y agravios.

Como hemos perdido el reconocimiento a la autoridad nos hemos convertido en el más prolífico de los lugares de la Tierra innovando e inventando maneras de salir de una crisis económica. Simulando que caminamos, pero detenidos. Aunque tenemos personas extremadamente cualificadas en el campo de la economía y de la economía política marginamos a esos profesionales porque lo que afirman no es lo que conviene a mi grupo, a mi clase, a mi ideología o a mi partido. No hay sitio para la mediación.

Proponer en Puerto Rico que se tome un préstamo con garantía de repago en un impuesto al consumo avalado por la Legislatura que habrá de aprobar el presupuesto en el futuro inmediato, convierte a quien lo proponga en un populete entregado a los intereses de los ricos.

Si se explica que el por ciento asignado para repago estaría parcialmente compensado por la eliminación de otros cargos contributivos existentes y otros beneficios, eso se descarta con el argumento único de que los ricos no están pagando lo que deben pagar y por lo tanto cualquier contribución sobre el consumo está descartada.

Pero eso no es verdad pues los que dicen que no aprobarán un proyecto de ley que imponga un impuesto sobre la venta adoptan en los organismos de dirección política de su partido un impuesto sobre la venta de 4% más 1.5% cuando originalmente apoyaban un 7%.

Algunos creemos que podemos acercarnos más a la verdad cuando trasladamos la responsabilidad a los grandes intereses económicos y otros entienden que para salir de la crisis debemos obtener un préstamo con garantía de repago garantizado con un impuesto sobre la venta. Lo extraño es que los dos partidos principales creen en un impuesto sobre la venta, pero no alcanzan a ponerse de acuerdo en cuanto al por ciento necesario por razones electorales.

Lo que me parece claro es que los dos partidos principales quieren gobernar a la vez y decidir a la vez sobre los mismos asuntos. Están ambos en un curso de confrontación desde los inicios de este cuatrienio y ante la presente crisis el problema se complica porque no son dos fuerzas compitiendo sino tres las fuerzas necesarias para resolver.

Esta situación se ejemplifica con la decisión tomada por el Senado de Puerto Rico de enmendar la fórmula sometida por el Gobernador y dirigida a tomar un préstamo con una garantía de repago del 7% que tendría que ser reconocida por la Legislatura. El Senado la enmienda para que el por ciento se reduzca a 5.9%, con lo que el Gobernador parece estar de acuerdo. Pero entonces la Cámara endurece su posición y se alía con los que abogan por que no se imponga ningún impuesto que grave adicionalmente a la clase asalariada. ¿Cuál es el resultado? La Cámara no le dará paso a lo que propone el Senado y el Senado se esmerará en llevar a la atención del pueblo el engaño que representan algunas de las medidas de recaudos que se aprueben en la Cámara.

El país, mientras tanto, va adoptando sus propias opciones de solución, guiado por una serie de economistas expertos que todos los días van emitiendo sus opiniones muy autorizadas por los medios. Esas opiniones de expertos desinteresados están dejando desnudos en medio de la calle a muchos políticos que llenos de rencor sólo lanzan ideas disociadoras de una insensibilidad apabullante.

Mientras tanto el Gobernador sólo puede aprobar con su firma lo que le llegue de la Legislatura y hasta el momento en que escribo lo que ha llegado a su despacho es clara y totalmente insuficiente para enfrentar esta crisis. Crisis que no se limita al déficit existente pues este déficit meramente manifiesta, momentáneamente, una exacerbación de una profunda crisis estructural que requiere voluntad política y patriotismo para enfrentarla. Pero esta crisis ha tomado muchos años en adquirir esta condición aguda y amenazante, y requerirá muchos años para restaurarse la normalidad si nuestros políticos reconocen los debilitantes efectos económicos del colonialismo, se reconocen coautores de la debacle y hacen un buen propósito de enmienda. Propósito de enmienda que nadie creerá si no va acompañado de acciones concretas y formales.

La medida tomada por el Senado para ponerle un dique al uso desenfrenado de fondos públicos por parte de los partidos políticos es una de las medidas más importantes de la presente sesión porque es indicadora de que hay que empezar por casa, para dar el ejemplo. Ahora hará falta una buena reforma electoral que vaya construyendo el andamiaje que modernice el sistema, que lo democratice y que ayude a evitar que tanto inepto llegue a la Asamblea Legislativa unicameral que por voluntad del pueblo se organizará en el futuro próximo.

Una legislatura no puede funcionar bien con un sistema electoral anticuado y deficiente. Ha sido prometedor que el Senado con aprobación casi unánime haya decidido emprender el camino de la corrección de viejos errores y viejos abusos.

Con la eliminación de los ofensivos gastos electorales que fueron legislados para las pasadas elecciones debe iniciarse la reforma fiscal. Ésta última es tan importante o más importante que la reforma contributiva y no puede esperarse que una reforma contributiva contribuya realmente al bien común y sea verdaderamente una palanca que impulse la justicia social si lo que se tributa se despilfarra.

Hace muchos años que los funcionarios de este gobierno están ofendiendo a los puertorriqueños con sus extravagancias, sus caprichos y su gasto irresponsable. Caigamos o no en el hoyo profundo a que nos conducirá una degradación total de nuestro crédito, en algún momento podremos reponernos y continuar. No puede ser para seguir dando los tumbos que hemos dado hasta ahora.

Espero que sea para recapturar nuestro futuro e intentar un rumbo nuevo de libertad política que permita un control ordenado de nuestra economía. Puerto Rico no es Estados Unidos y no debemos pretender un desarrollo económico similar. La modestia, la austeridad y la libertad de acción deben guiar nuestro final reexamen de esta situación.

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