Son tiempos de reforma
Gerardo Navas
Profesor de la Escuela de Planificación de la UPR
08-Septiembre-2006
Las dificultades del País trascienden los personajes del drama político que vivimos. Ciertos límites “genéticos” de nuestras instituciones se evidencian preocupantemente ante los reclamos de la nueva modernidad. Se trata de límites políticos y gubernamentales que entrelazados a viejos problemas y a nuevas exigencias constriñen las posibilidades de la actuación autónoma del Estado y el propio entendimiento.
Estos límites han impedido la superación de muchos problemas que por su testaruda permanencia dan la impresión de formar parte endémica de nuestra realidad: la marginalidad, el desempleo y la pobreza, entrelazados a la abundancia y al privilegio de los grupos integrados a la economía formal (Perspectiva-13-01-06), el estancamiento por varias décadas de nuestra economía; el desparrame, el deterioro urbano y ambiental, la congestión vehicular; la drogadicción y la violencia; el tranque del status (Perspectiva-11-08-06).
Entre los factores que inciden en la reproducción de la pobreza y el estancamiento económico acentuamos la cuestión de la tierra y el sistema contributivo que la ignora, concentrando el gravamen sobre los factores activos de la producción: el trabajo y el capital (Perspectivas-10-03-06).
Este sistema castiga y desalienta la producción y premia la apropiación privada de la renta de la tierra, que es ciertamente producto social. La tierra encarecida dificulta la producción, elimina industrias, aumenta el desempleo, deprime el salario y funciona como un sifón que succiona y concentra la riqueza en manos de pocos y distribuye la pobreza en la vida de muchos. La pobreza contribuye a la criminalidad; la dinámica de la tierra, al abandono de la ciudad y al desparrame (Perspectivas-7-04-06).
Se precisa ciertamente una reforma dirigida a habilitar las instituciones públicas y privadas para implantar un proyecto económico estratégicamente informado que movilice industria, capital y trabajo, propicie la integración e internacionalización de la economía y la dinamice sostenidamente.
Urge la reforma institucional de la planificación del uso del suelo. Sin embargo, hasta que se instituya una reforma contributiva enfocada en la tierra, se libere al capital y al trabajo y se diversifiquen las fuentes de ingresos de la población haciéndolas partícipes del capital y de la tierra, no habrá superación de la pobreza ni por el lado del crecimiento ni por el lado de la distribución. Otros proyectos económicos valiosos del pasado, ciegos ante esta realidad, no la superaron.
Mientras no se concentre el impuesto sobre lo único que no puede esconderse, la tierra, existirá el desaliento de la producción, la evasión, la inequidad.
Sin esta reforma, la política social continuará concentrada en el mantengo y en la redistribución del ingreso arrebatado al salario y al capital y el estado obligado a cumplir su función como empleador y agente de bienestar social generalizado; continuará el desparrame con o sin “plan de usos”; el tranque del status perdurará.
Los límites políticos son tan viejos como los problemas planteados. Estos se exacerban sin embargo, por la explosión de las comunicaciones, la liberación de las necesidades y la expansión de la participación y las demandas sociales.
En el proceso, el Estado se tornó presa de los grupos empobrecidos, que reclaman accesos inmediatos al mantengo a cambio del voto, de otros más pudientes a cambio de la contribución económica y de grupos activistas espurios, autodesignados representantes de la comunidad, que proclaman su desmantelamiento. La proliferación de dicho activismo, desde fuera o como guerrilla al interior del Estado, es alimentada por los medios que lo acogen y lo propagan frecuentemente con menos escepticismo que el que recibe el mensaje del Gobierno.
Estos procesos conducen a la pérdida de autonomía del Estado y al dominio de lo inmediato en la agenda pública.
Ciertamente, la reforma del Gobierno es necesaria e impostergable. Ésta deberá superar los límites de la burocracia clásica y la tecnología mecánica y reconstituir la madeja de procesos indocumentados, inconexos y confusos, productos de la transición tecnológica y social que experimentamos (Perspectiva-9-06-06).
Sin embargo, hasta que se instituyan procesos institucionales que permitan superar la sujeción del Estado, el Gobierno podrá mejorar su eficiencia y carecerá de la visión compartida que module los reclamos electorales y la satisfacción de las necesidades inmediatas como parte de un proyecto sostenible de desarrollo. Sin esta visión concertada, podremos llegar eficientemente a un lugar cualquiera, pero no al que podemos y debemos llegar.
Práctica y moralmente estamos obligados; son tiempos de reforma.

